viernes, 10 de marzo de 2017

DORIAN (6)




VI

El miedo colapsa en lo alto de mí exhalándome su astuto aliento pero ya no me daña como antes. La experiencia pulió mis aristas y mis dobleces. He aprendido a convivir con todas las voces de mi mente, que siempre son una al final. Me estoy sosegando conforme transitan los años. Ya no hay sonrisas tan largas ni tristezas tan duraderas. Todo cae en mi alma como la arena después de la tormenta en el desierto enorme. Me estoy venciendo como una porcelana a la intemperie, como el agua bajo el sol que se evapora, en fin. ¿Qué pensaras de lo que estoy pensando? No lo sé. Así que me engaño a mí mismo, como lo haría cualquier otra persona. Reinvento historias del pasado para que afecten mi presente. Vago indiferente entre cuartos y pasillos de mi memoria y reacomodo los muebles, pego otras palabras, cambio decisiones y aunque es un oficio inútil, me ayuda a continuar. Los secretos que escondo me doblan por dentro, me hacen ser más frágil, así que me engaño a mí mismo y me convierto en otro ser que no soy yo,  me postro del miedo y aguardo en silencio. Siento pena por mí. Pienso que quizás nunca sentiré nada otra vez. Algo en mí se está marchitando. No sé si será mi alma. No encuentro motivos. Me estoy desvaneciendo por dentro como una vela que se enciende y su llama la consume por completo. ¿Dónde estaré al termina con todo esto? Me cuesta soñar. Ya no puedo pensar. Si tan solo pudiera recordar algo sin sentir pena…

Como me gustaría que me dieras tus ojos, para poder ver de nuevo tus manos, tu rostro, tu risa. Quisiera ver a través de tu mirada la vida, el amanecer, el ocaso. El sol está canturreando en las mañanas, lejos de mi piel, vivo encerrado, oculto de todos, y nada cambiara mi mundo. Mi cabeza se hace polvo, se deshace en la arena de mis pensamientos y el mar de mi soledad crece, se forman enormes olas que me ahogan, y ya nada tiene sentido. Cierro los ojos, siento como lentamente mis lágrimas a  través de mis parpados empapan mis mejillas, no quiero continuar así. Imagino que mi pena va a desaparecer en un día cualquiera, ordinario, corriente, así como he sido siempre yo. Me veo al espejo y en mi desesperación yo me río y me siento como una barca endeble que va a la deriva en el viento. Mi corazón baila en una orilla de piedras filosas. Mis penas son como rostros que me espían mientras aguardan el final. Mi casa se llena de repentinos silencios a través de las paredes. Mi exhalación se mueve lentamente a través de ondulaciones de opresión. Mi cabeza cae hacia atrás y siento que mis pensamientos se desploman. Detengo mi caída para luchar y desfallecer, y tomo lugar para ser otro hombre y metamorfear mi vida. Una rabia oculta consume mi corazón, rabia maldita  por los años de tiempo malgastados. Me pongo rígido y grito, me arrojo furioso encima de mis miedos, siento que enloquezco. El diablo frecuenta soledades. Remuevo mi carne, corto mi piel y quiebro mis dudas y mis pesares. La ira manipula mis golpes coléricos hacia la nada. Me observo caer pero aún magullo  el suelo, las paredes, los espejos una y otra vez. Observo mi silueta en la sombra con movimientos punzantes, serenos, limpios, precarios. La crueldad del abandono y la pena me consume, me lleva a menos. La pena en mi ser se manifiesta imperiosa, la desolación está pudriendo mi hogar, siento que no puedo salir. Es como un capullo que se cierra y me condena a vivir encerrado inexpugnablemente. Me contengo y me postro vencido, totalmente agotado,  liberado de todo excepto del dolor.

Recuerdo tu figura otra vez. Imagino que te abrazo nerviosamente y te oigo llorar. En mi imagen beso tus labios y termino con tu vida. Me desgasto inútilmente en estas tontas alucinaciones pues se que te mataré otra vez mañana en la noche. Y en la siguiente. Me mato a mí, destruyo todo, pero solo en mis pensamientos. Al día siguiente todo hace metástasis y continua igual. Y sigo desperdiciando así, en esta rutina de horrores e inutilidad mi valioso tiempo.

A veces no hay nada que considerar, a veces no hay nada a que aferrarse. Ya no hay tiempo para huir. A veces te palpas y te sientes tan viejo que sientes como si tuvieras doscientos años. El tiempo te lastima cuando lloras,  te lesiona con solo inhalar y entonces parece que no queda nadie a tu lado. Y todo lo que pretendes es soñar abrigado en tu cama. El frío te empuja hasta que sentir que te estas rompiendo. No deberíamos llorar ante el sufrimiento. No deberíamos gritar como niños ante el abandono. Así cuando el malestar comience y las alucinaciones lleguen  uno estaría más fuerte para no desfallecer, para nunca caer. No quiero más lágrimas inundando mi cama. Dolor: vete de mí, retira tus garras de mi rostro, déjame solo. Como un árbol en el borde del precipicio,  colgando. Yo estoy abriendo la boca para respirar. Estoy parado en el medio de un charco de sangre bermellón,  nadando alrededor de mis huellas, casi a punto de ahogarme en las palabras relucientes que jamás diré, hundiéndome sin remedio en mi mente puntillosa. Doy un paso hacia atrás y me sumerjo en mi locura. Siento tus uñas sin que estés aquí. Las siento  metiéndose en lo más profundo de mi piel...


Mi cabeza está fría. Mis manos están congeladas y mi corazón es negro y se detiene cada noche. Todas las noches. Y yo me quedo quieto para ver si aún estoy vivo. La mañana reaparece entonces entrometida a través de las cortinas de mi habitación. Interrumpe mis cabildeos, mis manías de perdedor. Me recuerda que un nuevo día empieza y que yo no tengo remedio. Todo mi espacio se siente como si fuera agua y todo huele a velas consumidas. Intento pensar en la luz del sol pero mi cuerpo se retuerce como si todo se convirtiera de repente en un relámpago. La única sombra que me acompaña es el fantasma de mi pasado. No mostrare arrepentimiento alguno por esto. Sufriré con orgullo, porque mi deber siempre fue ser yo y defender lo que yo creo. Y aunque he de ser declarado culpable, no veo yo en esto crimen alguno. Veo por la ventana las nubes que se dispersan, el sol que se levanta y los pájaros que cantan. ¡Canten pájaros! Canten sus trinos y huyan...


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Siempre Estaré Aquí...

2 comentarios:

  1. Todo está congelado, así se sienten tus palabras, angustiosas ancladas en la profundidad del abismo, en un lugar donde todo se ve oscuro.

    Qué bien expresado, Starosta, es increíble como describes la tristeza un ahogo intenso.

    Besos.

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  2. Empiezo a leer y me digo, bien, parece que va saliendo, hasta que llego a la pregunta, no se qué pensarías tú....y ahí ya me dije, carajo!!! Todo sigue igual...
    Sabes, me encantaría cogerle de los hombros zarandearle como a un árbol hasta que fueran cayendo, no frutos, sino uno a uno tanto pensamiento agónico y autodañino.

    Genial como transmites, de verdad.

    Besos!!!!

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