viernes, 24 de marzo de 2017

DORIAN (8)



Hola a todos:

Hasta aquí publico esete libro llamado "DORIAN" Gracias a todos los que leyeron o comentaron las entradas. Si quieren leer el resto del libro se encuentra aquí:




O como siempre dando click en la caratula que se encuentra a la derecha del Blog. Nos vemos en una próxima entrada con una nueva publicación.

Muchas gracias.

STAROSTA


*******************************************************



VIII

Estoy cansado de las lágrimas y la risa. Estoy cansado de los días, de las horas. Me quedé enganchado en muchos recuerdos. Tú me dijiste “Adiós” un día como hoy. Tú me dijiste “Hola”  en un día como hoy también. Me saludabas levantando las cejas y dibujando una sonrisa con tus hermosos labios. Yo no me aprendí tu nombre y te saludaba con un nombre diferente y tú no me corregías, hasta que un día suavemente me dijiste como te llamabas mientras saboreabas un café y yo me sentí estúpido y perdido en tu forma. La forma como siempre te vi. Ese algo que me hacía  desear ser tú. Que me hacía querer compartirlo todo contigo. Yo siempre quise vivir tu vida. No me gustaba la mía. Recuerdo la noche que besaste mis ojos. Ese toque profundo, tu expresión y el movimiento de tu cabeza... Pero no pudo ser. Yo tenía que irme. Yo debía escapar de todo aquello. No podía quedarme así por más tiempo. Ahora te recuerdo y quisiera que todo eso hubiese sido perfecto. Quisiera que fuera como cuando nos conocimos, que todo aquello fuera como lo de antes. Ahora quiero cambiarlo todo, retomarlo, volver a empezar, pero por siempre jamás es siempre para ti. Y ya no nos queda más tiempo.

Recuerdo tu hermoso pantalón negro y tus botas. Recordar algo tan simple, algo tan trivial me hace un hombre feliz. Si supieras comprenderme y aprender lo fácil que soy de complacer, sabrías lo que hace girar mi mundo. ¡Vuelve, vuelve a mí! Voy a estar aquí esperando pacientemente, aunque no se exactamente por cuanto tiempo. Yo se que eso que sientes por mi camina por una línea muy delgada entre el amor y el odio. Estoy muy apenado de malgastar todo mi tiempo en otro mundo, siento vergüenza de construir mi vida en otro lugar muy lejano del mundo real. Podría usar un poco de compañía, pero gusto demasiado de mi fanática soledad. Al final comprendí tontamente que con un poco de gentileza se puede recorrer un largo, muy largo camino. Solo espero que la luz brille siempre en el corazón de cada uno de ustedes. Sólo la ceguera puede ocultarles las cosas que en realidad son importantes para el cuerpo y el alma. Quizás el dolor podría usar un poco de mesura en mi, pero ya es muy tarde. Me he hecho adicto a la tristeza y el victimismo. Mi vida entera es una recopilación del miedo. Como sea que fuere, siempre llegaría yo a las mismas conclusiones. Y estoy harto.

Sobrevienen a la mente los encantos de disponibilidad limitada, esos deseos de poseer, de tener, lo material y lo inmaterial, lo sagrado y lo profano, el orden y el caos, todo viaja por la mente y atiborra los nervios de información necesaria e innecesaria. Todo esto de alguna manera te mantiene estimulando tus venas. A veces encontrar las palabras adecuadas puede ser un problema. Esos asquerosos encantos de banalidades que de alguna manera te motivan, te hacen poner un pie delante de otro y repetir el proceso una y otra vez, hasta cruzar del todo la calle, los lugares, los territorios. Uno es libre de cambiar de opinión cuando quiera, pero siempre cuesta abandonar los hábitos, y más esos que hacen daño.

Ahora estoy gritando en las puertas de la muerte. ¿Transitaré en mi descanso entre los glorificados? Madre: ¿Sera que me estás esperando? Ya no puedo salir más de mi casa. Estuve afuera demasiado tiempo, durante mucho tiempo y fue muy duro. Yo sé que fue un error todo esto, pero ya no hay retorno. Los días siguen y la escama me ha consumido ya medio cuerpo. Solo puedo mover un brazo, una pierna, media boca, un ojo. No podría salir a la calle. Todos se quedarían viéndome como una cosa extraña, un leproso, un bicho raro. El teléfono de mi casa hace días que no suena. Nadie ha venido a buscarme ¿Sera que mordieron el anzuelo y piensan que aun estoy de viaje? ¿O será que ya no le importo absolutamente a nadie? Aunque parezca increíble, me veo al espejo y no me sorprende mi estado. Me arrastro por la casa buscando espacios donde respirar. Irónicamente no muero. No se si soy mas resistente de lo que yo creía o simplemente mi alma se niega a darse por vencida. La escama en mi cuerpo me hace sentir que pesa demasiado. Es como estar cargando un gran peso por donde yo vaya. Últimamente he optado por quedarme tirado en el suelo y me levanto solo para tomar agua de la llave o comer los últimos víveres que quedan en mi alacena. Ir al baño es una tortura vergonzosa peor.

He estado sucio por mucho tiempo y no me interesa porque estoy prendiendo dentro de mí, siento la vida dentro de mí, contenida, y con ganas de irse lejos. Toda mi vida he sido lastimado pero no me importa. No se si tu lo sentiste cuando me tocabas ¿Lo hiciste? ¿En realidad conociste algo de mi, alguna vez? Quizás la muerte me esta convirtiendo en esto, mientras siento sus huesudos dedos, largos y fríos, alrededor mío. El dolor en mi está listo, la fragilidad está esperando su momento, no hay tiempo para titubear. Tal vez estoy pagándole mi deuda al karma. Tu fuiste para mi la muerte y la vida reconciliadas. Lo que yo tome de ti no me daño, el problema fue que no me fije en lo que estaba entregando. La ausencia me absorbe, me tira hacia abajo, donde no hay suelo, donde lo sagrado nunca es encontrado.


Yo solo quería a alguien para compartir el resto de mi vida, mis sentimientos más íntimos, mis detalles personales. Alguien que estuviera conmigo y que solamente me apoyara. Yo ha cambio le hubiese dado toda mi vida solamente. Yo deseaba a alguien que se ocupara de mí amorosamente, que me dedicara un pensamiento, que me diera su aliento. Yo compartiría la visión de las cosas para verlas juntos de una forma distinta y quizás con el pasar del tiempo esas cosas que no me gustaban terminarías agradándome. Yo pensaba en alguien que no me atara con sus cuerdas para así yo volar, en silencio, por lo bajo. Yo la habría escuchado cuando quisiera conversar. Escaparíamos juntos del mundo en el que estamos. Y aunque mis sentires pueden ser siniestros, esa persona me escucharía y de golpe cambiaría mi manera de pensar y al final me comprendería, sin imponerme su manera de ver la vida. Yo solo quería a alguien que me abrazara al dormirme y me besara al despertar. Pero eso al final no me ocurrió. Pensar en cosas como estas me ponen aun mas enfermo. Y siento una infinita tristeza dentro de mí…


*******************************

Siempre Estaré Aquí...

viernes, 17 de marzo de 2017

DORIAN (7)






VII

Me desperté en mitad de la noche, incomodo por un extraño hormigueo en mi mano. Encendí la lámpara de la mesa de noche y descubrí que la escama se ha regado por toda la mano, la cual esta rígida como el hielo. No la puedo mover. Me espante un poco al verla en ese estado, pero decidí volverme a dormir y pensar mejor que hacer en la mañana. Al llegar el día, fui de nuevo hasta el baño y trate inútilmente en retirar las escamas. Busque en Internet alguna respuesta, pues pensé que sería alguna infección común y debería encontrar algún remedio o cura para la misma, pues no deseo salir de casa y menos ir a un hospital, el cual estaría lleno de gente enferma y lúgubre, así como yo. Pero no encontré ningún dato sobre la afección. Decidí dejarlo pasar. En algún momento se aliviara sola. Tuve el impulso demente de llamarte y comentarte la situación, para ver si así vienes a mi casa a cuidarme, pero desistí. A estas alturas, ya no espero ni tú lastima. Me la pase el resto del día intentando en vano mover mi mano y debo confesar, un poco encantado de ver como poco a poco la escama continua subiendo hasta llegar casi hasta el codo. Tome un libro al azar de la biblioteca y me metí de nuevo entre las cobijas para leerlo, pero en vez de eso me quede mirando hacia la nada, recordándote e inventando historias de los dos, todas con desenlaces imprevistos y finales felices. Me duele un poco el pecho, no sé si es por la pena, o porque mi ser se me quiere salir. Siento que mi alma se balancea y todo lo que sé, es lo que siento. Y siento muchas cosas que son tuyas. Tú estuviste siempre a mi lado en noches parecidas a esta. Debiste haber elegido una noche así para decirme adiós. Aunque fuera lo último que hubiésemos hecho juntos. Pero No. Tú te fuiste de día. Y yo me quede con las manos abiertas, llenas de silencio. Los lugares que frecuentábamos ahora no significan nada. Carecen de vida, no tienen color. Yo jamás te había visto tan perdida. Nunca me había perdido tanto yo. A veces ni siquiera parecías tú. Yo nunca me parecía a nadie, a nada. ¿Dónde estás? ¿Adónde vas? El tiempo parece demasiado pesado al pasar por mis recuerdos esta noche. Me quiebra la espalda, me agota totalmente. Se hace tenebroso el solo pensar en todo lo que nos ocurrió. Yo quisiera reescribir nuestra historia pero es como imposible abordarla de ningún modo. Más obscuros aun eran tus ojos grandes. Tu mirada abismal en la cual yo sufría de vértigo. Quise aquella ves suplicarte para que te quedaras, pero estaba lloviendo demasiado fuerte y casi no te podía ni ver de tanta agua que se entraba en mis ojos, no sé si era la lluvia o yo que estaba llorando. Me quede parado en mitad de la helada noche mientras tú te alejabas. Pasaron los minutos y torpemente reaccione y corrí detrás de ti por una calle desierta y oscura. No te vi en ninguna parte. No te pude hallar. Decidí que iba  a encontrarte aunque me tomara toda la noche. Invoque fuerzas divinas para que me ayudaran a rastrearte como si fuera una cacería de brujas. Te busque en las sillas vacías del parque y en el bar desolado de la esquina. Te busque en las estaciones del bus y en los andes vacíos del centro de la ciudad. Por siempre jamás es siempre para ti. Tomabas las decisiones y no dabas vuelta atrás. Y eso te paso también conmigo. Yo te defraude. No estuve a la altura. Destruí tu confianza en mí. Tú maravillosa y hermosa confianza. 

Ya no estoy convencido de lo que quiero, de lo que estoy buscando. Sólo sé que en este punto me he convertido en una persona difícil de consolar. No tengo claro a estas alturas quién intento ser en lugar de ser yo mismo. Sólo estoy pagando el precio mientras rompo todas las reglas. Todos los signos que encuentro han sido recalcados en mi mente, no me es permitido ingresar. Claramente entiendo que todos los demonios en mi interior florecen en la forma en que son fomentados por mis manías. Todo el afán, la acelerada caída  puramente me está derrotando. He convivido detrás de la máscara de lo que se supone que debo con un dolor al cual ya estoy acostumbrado. Existe una brecha en mi espíritu que me lleva a los parajes más salvajes de mí ser. Ya no contengo en mi la inocencia, ni el sentido real de la consciencia, no siento yo arrepentimiento. La oscuridad se alimentó de todas las regiones de mi alma. He pagado el precio de expulsar de mí adentro al paraíso. Yo entiendo mi realidad, lo que sé que es real. Invocare una plegaria silenciosamente, llena de desaliento. Irónicamente me siento limpio. Lo más limpio que he estado en toda mi vida. Después de derramar mis lágrimas, de dejarme caer, siento algo de pureza en mí. Le puse un final a todo, he transformado el rito de mis días, y si bien no me es tan claro lo que el destino planeó para mí, empiezo a comprender que lo único que tengo es lo que pueda atrapar entre mis manos. No sé si quede algo sagrado dentro de mí, solo sé que en medio de este abismo, hay algo en la pena que me gusta. No sé cómo explicarlo. Mis intenciones y mis sentires se encrespan y ruedan en medio de mi tormenta personal. No sirvo para persuadir a nadie. Los años también me enseñaron a no señalar a ninguno. Solo vivo mi vida ausente, en silencio. Creo que somos personas dañadas que se buscan y se rechazan entre sí, encantados por los sofismas que no entendemos claramente. Somos almas perturbadas y agobiadas por las practicas que pensamos alguna vez, no nos harían ningún daño. Olvido para sentir que no estoy muriendo, pero es un olvido en vano. Rezamos entusiasmados esperando que llegue algo a nuestras vidas, algo que no viene desde algún lugar profundo en nosotros. Algunas cosas no tienen sentido…

Solo a veces te pienso y te recuerdo, y es una imagen que me alivia y me acompaña, mientras destruye y apaga al mismo tiempo. Y solo cuando hago esto olvido que estoy sintiéndome cada vez más viejo y muriendo. No se necesita de mucho para poder verme lastimado. Pero a la vez no lo querría de ninguna otra forma. Siempre hay un precio que se debe pagar…


********************************


Siempre Estaré Aquí...
















viernes, 10 de marzo de 2017

DORIAN (6)




VI

El miedo colapsa en lo alto de mí exhalándome su astuto aliento pero ya no me daña como antes. La experiencia pulió mis aristas y mis dobleces. He aprendido a convivir con todas las voces de mi mente, que siempre son una al final. Me estoy sosegando conforme transitan los años. Ya no hay sonrisas tan largas ni tristezas tan duraderas. Todo cae en mi alma como la arena después de la tormenta en el desierto enorme. Me estoy venciendo como una porcelana a la intemperie, como el agua bajo el sol que se evapora, en fin. ¿Qué pensaras de lo que estoy pensando? No lo sé. Así que me engaño a mí mismo, como lo haría cualquier otra persona. Reinvento historias del pasado para que afecten mi presente. Vago indiferente entre cuartos y pasillos de mi memoria y reacomodo los muebles, pego otras palabras, cambio decisiones y aunque es un oficio inútil, me ayuda a continuar. Los secretos que escondo me doblan por dentro, me hacen ser más frágil, así que me engaño a mí mismo y me convierto en otro ser que no soy yo,  me postro del miedo y aguardo en silencio. Siento pena por mí. Pienso que quizás nunca sentiré nada otra vez. Algo en mí se está marchitando. No sé si será mi alma. No encuentro motivos. Me estoy desvaneciendo por dentro como una vela que se enciende y su llama la consume por completo. ¿Dónde estaré al termina con todo esto? Me cuesta soñar. Ya no puedo pensar. Si tan solo pudiera recordar algo sin sentir pena…

Como me gustaría que me dieras tus ojos, para poder ver de nuevo tus manos, tu rostro, tu risa. Quisiera ver a través de tu mirada la vida, el amanecer, el ocaso. El sol está canturreando en las mañanas, lejos de mi piel, vivo encerrado, oculto de todos, y nada cambiara mi mundo. Mi cabeza se hace polvo, se deshace en la arena de mis pensamientos y el mar de mi soledad crece, se forman enormes olas que me ahogan, y ya nada tiene sentido. Cierro los ojos, siento como lentamente mis lágrimas a  través de mis parpados empapan mis mejillas, no quiero continuar así. Imagino que mi pena va a desaparecer en un día cualquiera, ordinario, corriente, así como he sido siempre yo. Me veo al espejo y en mi desesperación yo me río y me siento como una barca endeble que va a la deriva en el viento. Mi corazón baila en una orilla de piedras filosas. Mis penas son como rostros que me espían mientras aguardan el final. Mi casa se llena de repentinos silencios a través de las paredes. Mi exhalación se mueve lentamente a través de ondulaciones de opresión. Mi cabeza cae hacia atrás y siento que mis pensamientos se desploman. Detengo mi caída para luchar y desfallecer, y tomo lugar para ser otro hombre y metamorfear mi vida. Una rabia oculta consume mi corazón, rabia maldita  por los años de tiempo malgastados. Me pongo rígido y grito, me arrojo furioso encima de mis miedos, siento que enloquezco. El diablo frecuenta soledades. Remuevo mi carne, corto mi piel y quiebro mis dudas y mis pesares. La ira manipula mis golpes coléricos hacia la nada. Me observo caer pero aún magullo  el suelo, las paredes, los espejos una y otra vez. Observo mi silueta en la sombra con movimientos punzantes, serenos, limpios, precarios. La crueldad del abandono y la pena me consume, me lleva a menos. La pena en mi ser se manifiesta imperiosa, la desolación está pudriendo mi hogar, siento que no puedo salir. Es como un capullo que se cierra y me condena a vivir encerrado inexpugnablemente. Me contengo y me postro vencido, totalmente agotado,  liberado de todo excepto del dolor.

Recuerdo tu figura otra vez. Imagino que te abrazo nerviosamente y te oigo llorar. En mi imagen beso tus labios y termino con tu vida. Me desgasto inútilmente en estas tontas alucinaciones pues se que te mataré otra vez mañana en la noche. Y en la siguiente. Me mato a mí, destruyo todo, pero solo en mis pensamientos. Al día siguiente todo hace metástasis y continua igual. Y sigo desperdiciando así, en esta rutina de horrores e inutilidad mi valioso tiempo.

A veces no hay nada que considerar, a veces no hay nada a que aferrarse. Ya no hay tiempo para huir. A veces te palpas y te sientes tan viejo que sientes como si tuvieras doscientos años. El tiempo te lastima cuando lloras,  te lesiona con solo inhalar y entonces parece que no queda nadie a tu lado. Y todo lo que pretendes es soñar abrigado en tu cama. El frío te empuja hasta que sentir que te estas rompiendo. No deberíamos llorar ante el sufrimiento. No deberíamos gritar como niños ante el abandono. Así cuando el malestar comience y las alucinaciones lleguen  uno estaría más fuerte para no desfallecer, para nunca caer. No quiero más lágrimas inundando mi cama. Dolor: vete de mí, retira tus garras de mi rostro, déjame solo. Como un árbol en el borde del precipicio,  colgando. Yo estoy abriendo la boca para respirar. Estoy parado en el medio de un charco de sangre bermellón,  nadando alrededor de mis huellas, casi a punto de ahogarme en las palabras relucientes que jamás diré, hundiéndome sin remedio en mi mente puntillosa. Doy un paso hacia atrás y me sumerjo en mi locura. Siento tus uñas sin que estés aquí. Las siento  metiéndose en lo más profundo de mi piel...


Mi cabeza está fría. Mis manos están congeladas y mi corazón es negro y se detiene cada noche. Todas las noches. Y yo me quedo quieto para ver si aún estoy vivo. La mañana reaparece entonces entrometida a través de las cortinas de mi habitación. Interrumpe mis cabildeos, mis manías de perdedor. Me recuerda que un nuevo día empieza y que yo no tengo remedio. Todo mi espacio se siente como si fuera agua y todo huele a velas consumidas. Intento pensar en la luz del sol pero mi cuerpo se retuerce como si todo se convirtiera de repente en un relámpago. La única sombra que me acompaña es el fantasma de mi pasado. No mostrare arrepentimiento alguno por esto. Sufriré con orgullo, porque mi deber siempre fue ser yo y defender lo que yo creo. Y aunque he de ser declarado culpable, no veo yo en esto crimen alguno. Veo por la ventana las nubes que se dispersan, el sol que se levanta y los pájaros que cantan. ¡Canten pájaros! Canten sus trinos y huyan...


*******************************

Siempre Estaré Aquí...

viernes, 3 de marzo de 2017

DORIAN (5)




V

Insectos alimentados de sangre succionaron mi alma hasta dejarla seca. Ahora todo lo que hago es recordar. Recuerdo aquellos días en los que llovía todas las noches. El pueblo se quedaba a oscuras y solo las luces de los relampagos traspasaban los ventanales de vidrio martillado y me hacían esconder bajo las cobijas, pues yo solo quería dormir. Soñaba con la reina de mi valle interior. Yo la sostenía entre mis brazos pero nunca podía ver su rostro. Cada vez que intentaba adivinar sus ojos, su boca, sus mejillas yo me despertaba y me quedaba sentado en el borde de mi cama observando el vendaval que caía sobre mi ventana. El pueblo se convertía en una isla que venia del cielo. Temí que esa isla se hundiera, y al final si ocurrió, pero solo en mis pensamientos. Fue como despertar y ver que todos los demás se quedaron dormidos por siempre. O al revés. No sé. Recuerdos de una época en que los árboles se vinieron al suelo. Llegaban del monte camiones cargados de madera y entonces vino el tiempo de reedificar. Siempre me cautivo ver la madera que se cruzaba en mi pared con las vetas en el mismo sentido. Su color e incluso su olor generaban en mí una sensación de resguardo. O era la casa de los abuelos la que me daba esa sensación. El tiempo no tenía ningún valor, ningún peso. Yo no era consciente de mi vida, nada me importaba. Esa época se quedó impregnada en mí. Recuerdo vagar entre muertos, caminando sin rumbo alguno entre las hileras de tumbas del cementerio. Esa extraña paz, ese frio que hace erizar la piel, ese vacío de tiempo y espacio. La soledad. La eterna soledad que emana del lugar donde descansan aquellos que se han ido. Nunca tuve miedo de estar allí, pues nunca vi a nadie regresar, nadie nunca se despertó. Nadie recobro su forma de aquellos restos desarmados encerrados en bóvedas oscuras. Recuerdo que intente generar sonidos que pudieran despertar a los muertos. Pero nadie se despertó en lo absoluto. ¿Alguno de los que están allí habrá muerto de amor? ¿Sera que es cierto que alguien se murió por eso?                                                                                         

Recuerdo el período en que el cielo era negro. Y no fue por el invierno. Es que yo siempre lo veía así, porque todo mi ser se sentía entre nubarrones, oscuridad y tinieblas. Eran las épocas en que yo te visitaba y nos sentábamos en silencio al borde del andén y esperábamos a que pasara el tiempo observando el cemento. Recuerdo el olor de los cigarrillos y el sabor del alcohol rabioso bajando por mi garganta. Recuerdo que nos sentíamos como si estuviéramos cayendo por un agujero negro que no tenía fin y en ese momento nadie ofreció sus manos para poder sujetarnos. Nada detuvo nuestra caída, excepto la dura realidad que me hirió como una filosa piedra. Pienso en ti y en todo lo que nos pasó. Todo ocurrió  por simplemente un beso. Todo el ayer en mi fue solo un breve momento.

Sabemos que hemos alcanzado el final, solo que no sabemos cómo. El recuerdo no es la vida y no es amor. En la oscuridad por un segundo estoy seguro de ver esa sombra de tristeza que me está llamando. Deberíamos dejar que todo volara. Y todas las lágrimas que lloras no son lágrimas por mí. Tampoco tus lamentaciones, tu pena, tu forzada desolación. Todo simplemente se escapa de las manos. Así que si no te queda nada que decir solo di adiós. Voltea la cara hacia lo lejos y vete. Ahora hay largas noches en las que permanezco tirado y despierto y pienso en lo que he hecho, nunca me sentí tan viejo. Todo se ha ido. He malgastado mis sueños más honestos y me reprocho en lo que me he convertido en realidad. En nada pienso, en nada creo y a pesar de lo fuerte que lo intente siempre sentiré remordimientos. Recuerdo la primera vez que nos besamos. Nuestro primer contacto. El olor de tu cuello en el verano.  Sí, he de confesarte algo: Yo nunca olvidaré.

Todas las caras, todas las señales se enredan y la luz se siente radiante y resplandece sobre los limpios muros donde mi sombra y las sombras de los fantasmas de mi alma se la pasan jugando juegos inexpresivos que me aturden, me hacen sentir aislado y confundido. A veces estoy sufriendo donde todos los demás bailan. Todos los sonidos permanecen igual de gélidos en mis oídos. Espero poder abrir los ojos ensombrecidos, dejar de sentir que pasan por mis huesos mil horas desperdiciadas en un día. Mi rostro es tan malo como lo ha sido mi vida, he bajado finalmente los brazos. Quisiera borrar todo lo que sé, pero no puedo negar que te conozco.



Siempre camino en estas calles después de la lluvia, entre charcos y asfalto.  La llovizna que llega tarde a la cita con la tormenta borrará mis pasos, así como lo hace el humo y el alquitrán. Siento que con los años empecé a quebrarme y a dejar trozos de mí ser desperdigados por todas partes y ahora soy solo un fragmento perplejo, sin equilibrio y sin piso en el trayecto de lo que se supone es la ruta de la vida. Dicen que el recuerdo es una forma de encuentro, pero yo no te encontré en las cosas que yo recuerdo de ti, al contrario, siento que cada vez que te pienso me vuelves a dejar solo y eso me daña más. No tengo futuro ni pasado. Si me quedo aquí hay un espíritu desertor que me hace huir de mi realidad. Es extraño caer en cuenta cuantas veces he pensado en desaparecer  completamente. Me reprocho la levedad de mis sueños y mis intenciones en el mundo. No sé, soy una cadena de cosas que no se refractan correctamente en mí, nada es lo que se supone. Supongo que así es esto. Sólo el amor y la muerte cambian todos los sucesos de nuestro trascurrir. E irónicamente no tengo ninguno de los dos en mí. Este mundo es prometedor y hermoso solo de la puerta de mi casa hacia afuera. No se trataba de correr lejos de ti, ni tampoco detrás de ti. Solamente viniste y te fuiste y eso es todo. Realmente pienso que tú deberías cuidar tu amor y tu odio hacia mí. Guárdalo en un lugar seguro en tu mente o en tu corazón, donde prefieras, pero no lo olvides nuca, pues cuando ya no este, tú me definirás. Quiero que esto sea la última cosa que hagas por mí. ¿Cómo conseguimos este alejamiento? Pensé que este amor duraría siempre…


******************************

Siempre Estaré Aquí...

viernes, 24 de febrero de 2017

DORIAN (4)




IV

El sol ardiente se levanta sobre las colinas de moho de mi mente. Las arañas inundan mi alma como una plaga que no puede ser erradicada. Ese es el tiempo oscuro. En el momento que el movimiento ya no es ningún movimiento. Como cuando estas dormido y quieres despertarte pero te quedas quieto y estas solo en tu cama.  En el momento que eres como un ave cayendo, rígida y veloz. Como cuando vas corriendo y te tropiezas, te caes y te golpeas y la tierra queda con rastros de tu sangre. En el momento que se enteraron que el anciano de la casa de la esquina murió y fueron a golpear a tu puerta a pedir una colaboración para el velorio y el entierro porque aquel viejo no tenía dinero. Como cuando alguien te pide limosna en la calle y tú revisas tu bolsillo sin detenerte mientras decides si dar o no y cuando resuelves que si quieres dar algo ya vas muy lejos y te da pereza devolverte y no quieres pensar más en eso. En el momento que estabas sentado viendo la televisión y te preguntaron si ibas a ir al funeral de algún pariente y tú no quieres ir pero te colocas los zapatos y sales apresuradamente y estas en la iglesia frente al féretro. Como cuando estabas con esa persona que ya no amabas pero te desnudabas para hacer el amor y no sabías por que estabas allí. Ahora es como si tú te quedaras observando como estoy cubriéndome con tierra, en el lugar donde todos terminan, donde todo está adornado de negro. Yo simplemente permanezco estático. Me ronda el silencio, creo que estoy muerto. Un sonido puro entonces llega hasta mí. No sé de donde proviene, pero cada vez retumba más y más fuerte en mi cabeza. Es como el que muere cualquier día, un día sin sustancia, una fecha más de aquel calendario pegajoso de la cocina. Ante la muerte todos reflexionan, menos el que ya está muerto. La muerte propone un cambio de pensamiento. El cementerio siempre es muy frío, impersonal, lejano, fuera del tiempo, no obedece a las modas ni a la evolución, la muerte nunca cambia, es la misma siempre. El aire que respiras en los cementerios es como una atmósfera que se pudre con el tiempo. Los cementerios bajo la lluvia enmarcan mucho más aun esa situación. Es como un cuadro, un óleo de un diluvio del más allá. Es como si el agua no empapara las tumbas, el suelo, las flores mustias. Cuando pasa, quedan charcos que reflejan colores que ondean en el agua. Me imagino almas que gritan y se esfuman en medio de la niebla en las tardes grises de aquel lugar donde probablemente yo no vuelva jamás. Mientras tanto la muerte sigue su inagotable marcha e intenta hacernos caer, desvalidos y enfermos, irreconocibles ante nuestros propios ojos al vernos al espejo. La enfermedad todo lo devora: La magia, las ganas, lo que sabemos de nosotros mismos. La agonía y sus dientes amarillentos repletos de locura. El alma que sale liberada de su claustro de carne, piel y huesos salta, baila y canta desde la libertad de toda la inmensidad del más allá, de lo que desconocemos, de ese temor incierto que no proviene directamente del hecho de morir, sino del sufrimiento. No tememos a la muerte, sino a todo lo que nos lleva a ese inexpugnable momento, a todo lo que conlleva para nuestros seres más queridos, nuestra naturaleza perdida en la lucha por trascurrir, el olor de las rosas muertas del cementerio. Ese olor tremendo que nos hace reflexionar por un instante, que nos saca de nuestra realidad, nos aleja de nuestro tiempo. El olor de las rosas muertas es como el olor de la muerte. El tiempo es dulce y no pasa ya. El tiempo lo desarregla y deshace todo. El tiempo no permite que nada quede intacto, que nada dure para siempre. Nos recuerda que somos perecederos, que somos solo un efímero momento en lo que llaman vida, un eco mínimo del universo, una fugaz consecuencia.

Cuando ese razonamiento se había vuelto insoportable en medio de las nubes grises de Noviembre sacudido por el aspecto de la calle esclarecida me di vuelta otra vez, y vi la salida del sol, detrás del hogar de los olvidados, la luz del sol abandonada sobre ebrios cuerpos humanos. El amanecer llega revolviendo el iris de mis ojos. Me golpea y me tumba sobre un andén. Y en ese momento quise verte en la calle. Quise sentirte a mi lado, pero tú no estabas. Tú hubieses podido estar allí para mí, no te hubiese costado dinero. No te hubiese costado nada, pero no lo hiciste. Tú estabas en otro lugar muy lejos, pensando en cosas triviales y sin sustancia. La próxima fiesta a la cual te invitaron. Un matrimonio de amigos. ¿Qué mierda es importante eso al lado de lo que yo esperaba de ti? ¿Y por qué aun sabiendo que no eres de mi misma esencia me dueles? Una persona que se rodea de mucha gente, solo quiere estar con uno solo, solo con alguien, pero no era yo ese uno. No era yo ese alguien. Tengo tu cara en una antigua foto que te robe. Estás sonriendo, te ves hermosa, con tus ojos enormes mirándome, como siempre hiciste. Riéndote divina de mis tonterías. No puedo recordar lo que éramos en aquel tiempo. Pienso en ti a toda hora, tus lágrimas tibias, tu fortaleza, tu desdén para atraerme y alejarme como una hoja seca al viento del otoño. Lo peor de nosotros es que somos una buscada manifestación de dolores y desengaños. Tú siempre dijiste  que no ibas a déjame solo. Pero decidiste irte sola. Pensé en esas cosas mientras estaba allí tirado, porque no quería irme a casa. Recordé mis jóvenes amaneceres viendo el sol ascender sobre los techos de las casas  y los cedros del Líbano. Las lágrimas frías ruedan por mi rostro reseco, tú eres como el sol, estás en lo alto, muy alto  por encima de mí, más alto que todos. Te gusta tu vida social, prefieres estar con tus conocidos, en tus aburridas y formales reuniones sociales, dijiste que no querías estar conmigo, pero en la vida todo cambia y al final tendrás que estar contigo más que con tus amigos. ¿Qué vas a hacer cuando no puedas ni escucharte?

Estuve borracho y perdido entre las calles, bajo la lluvia, en la tormenta. Mire fijamente en la oscuridad, tentando a la fatalidad, mire imperturbablemente a la nada, admitiendo la derrota. Cualquier cosa es difícil de encontrar cuando no se abren tus ojos, cuando no te aceptas a ti mismo. Quise sentarme en la oscuridad de mi hogar a escribir un plan para poder llegar a ti de nuevo, pero el papel quedo en blanco, no tengo yo nada más que hacer, no me quedan trucos bajo la manga. Me he desperdiciado en vano. Fue entonces cuando decidí encerrarme a esperar el final. Tu llamada aun no llega. Tú aun no estás aquí. Y yo probablemente nunca te vuelva a ver.



 ******************************

Siempre Estaré Aquí...






viernes, 17 de febrero de 2017

DORIAN (3)




III

Enterrado en un vacío ciego me levante esta mañana más cansado que ayer. Soñé contigo. Tuve una pesadilla en la que tú estabas  muerta a la orilla de un río. Recuerdo que en mi terrible sueño me desperté a las tres de la madrugada. Descubrí que en realidad me levantaba del suelo de mi habitación y no sé por qué recordé que yo llevaba dos días tirado en el piso y había alguien más tirado al lado mío. La atmósfera del cuarto era extraña. Parecía que todo estaba como sumergido bajo el agua. Era un azul pero raro. Como que todo lo metalizaba. Yo no podía ver más allá de aquel cuarto. Las ventanas no daban a  ningún lugar. Entonces vi como ese alguien empezó a moverse intentando levantarse del suelo. Sus manos estaban temblorosas, sus piernas, su cabeza, todo en aquel hombre estaba tembloroso. Ágilmente se pone de pie y me tapa la boca con esas manos grises para evitar un grito mío. Pasan los instantes y esta situación continua  y empiezo a desesperarme. Quiero moverme, o despertarme, pero la escena es estática, nada ni nadie se mueve en aquella habitación de paredes cromadas. Intento pensar para poder moverme más lento. Entonces me libero de esas manos y las tomo con fuerza. Pero una fuerza sobrenatural, como todo lo que ocurre en los sueños. Siento los huesos de sus dedos crujir y quebrarse ante mi dominante fuerza, y entonces salgo disparado hacia la pared. El ente ha desaparecido. Estoy solo en el cuarto azul. Pero ya no es mi cuarto. No reconozco donde estoy. Intento en vano buscar la puerta pero no la encuentro. Parpadeo y aparezco afuera de aquella habitación. Empiezo a avanzar por un larguísimo corredor de piso ajedrezado y paredes blancas, pero nunca llego al final. Deseo detenerme pero avanzo en contra de mi voluntad. Si tan sólo fuera aquí el lugar adonde voy, si esto fuera real, pero entonces tomo conciencia que estoy en un sueño y deseo despertarme, pero no puedo. Sé que tengo que abrir los ojos. Pero es justo cuando pasa algo más bizarro aun: Me prendo fuego con una vela encendía que esta al final del pasillo. Empiezo a arder pero no siento dolor, solo percibo las dentelladas de luz en las paredes y yo sigo caminando. Por curiosidad acaricio las llamas y descubro que son tan suaves que hasta parece que fuera piel, es suave, cálida, familiar. Escucho aullar tu voz, resuena a través de los gruesos postes, las paredes, todo el lugar. Me ensordece, me hace postrarme de rodillas. Corro enloquecido y atravieso la enorme puerta. Afuera está lloviendo. Empiezo a sentir como mi ardor se apaga. Veo gente extraña a mí alrededor. Todos se detienen de un momento a otro y se dan vuelta. Se quedan observándome y me hacen una señal para que guarde silencio. Entonces me quedo rígido y estas personas se acuestan en el suelo y se quedan profundamente dormidos. Parece que se hicieran los muertos realmente. En un instante recordé todo. Y al instante lo olvide todo de nuevo. Es justo cuando algo dentro de mí me dice cómo se siente ser nuevo. Y esa voz empieza a multiplicarse en todo aquel lugar, esa voz ingresa por aquel pasillo de pisos ajedrezados, retumba como una caverna infinita, son mil voces murmurando que es verdad. Entonces intento prestar atención y descubro que cada una de esas voces en realidad es tu voz, que me susurra ahora al oído. Es cuando me despierto y quedo sentado en el borde mismo de mi cama. Y estoy solo. Y el frío envuelve mi cuerpo…

Me levante en la mañana con más incertidumbres que certezas, buscando torpemente la lata de café en la alacena. Al tomarla note que uno de mis dedos estaba cubierto por una escama extraña y no podía moverlo. No le preste mayor atención y continúe mi día, hundido en mis amargos pesares, asfixiado por la soledad y la falta de amor y cuidado en mi vida. Hay un aire enrarecido en mi casa, lo percibo con cada respiración, puedo sentir el tiempo pasando a través de mí como agujas de un reloj lleno de crueldad. Encendí la televisión y empecé a pasar canales indiscriminadamente sin fijarme en nada en particular. La escama en mi dedo continuaba creciendo y me dirigí al baño a lavarlo con agua del grifo. Tome una barra de jabón e intente en vano retirarla, pero no caía. Termine de lavarlo, me seque la mano con cuidado y me senté junto a la ventana a observar los autos y a la gente pasar. Transeúntes tan rígidos como los juguetes que se mueven como si estuvieran balanceándose,  así como los árboles que se mecen por efecto del viento. A pesar de ver a ese grupo de personas, recordé cuando ella me hablaba sobre el mundo vacío, de gente que camina sin ideas, sin sueños, sin esperanza. Personas con los ojos vidriosos, silenciosos, como hombres grises capturadores de tiempo. Caminan como si fueran un ejército, haciendo todo lo posible por ser intrascendentes, buscando todos los caminos para que sus vidas estén mal. Yo soy uno de ellos. Un soldado desertor, un corazón delator enterrado bajo el suelo. Vanidoso de estar combatiendo en la guerra de este mundo vacío. Si sólo pudiera decir “No me interesa” y no sentirme tan contagiado y espantado. Si sólo mis ojos se cerraran...

Siento que vivo en una cima, un lugar donde nadie va. Todos los días me quedo aquí, sin salir, postrado y cansado. Sintiendo que todo lo que necesito es estar contigo, suplicando por tu regreso, como todos los demás lo hacen. Todos siempre vuelven, excepto tú. ¡Por favor regresa! Por favor regresen todos. No importa en qué forma lo hagan, así sea con los ojos como las aves emponzoñadas. Necesito sentir la mirada de alguien sobre mí, para no sentirme tan aislado. En mi cabeza crecen las dudas con un tono gris de tristeza, mi ánimo se aplasta, el reloj sigue girando sin hablar, vivo engullido por las formas fantasmales de la vida que se escurre en redes de polvo. Mi edad arruina mi esperanza y solo puedo lamentarme y esconderme.

El tiempo de mi vida se ha vuelto traicionero…


 **********************************

Siempre Estaré Aquí...











viernes, 10 de febrero de 2017

DORIAN (2)




II

La vida es un sueño atormentado para mí. Ayer me la pase todo el día durmiendo, las cortinas corridas, el teléfono apagado. No deseo glorificar mi trágico destino, dormir debería hacerme bien, debería sanarme, pero mis sueños me muestran lo que no podrá ser y eso me hace miserable. Trato de programarme, soñar con situaciones o personas específicas, pero mis sueños trastocan en pesadillas que se salen de control. Me despierto cansado y con dolor de cabeza todos los días. Hoy me desperté con mi ropa sucia en una montaña que amenazaba derrumbarse sobre mí. Quisiera hipnotizarme, dejar de pensar, reconstruirme. La vida es demasiado corta. Intento constantemente formar una apretujando todas mis complejas vidas en un simple respiro. En este mundo oscuro y ancho soy inocente, solo vine al planeta, no soy culpable por solo estar acá. Paso las noches tratando de encontrar un final, algún estado adonde llegar. Aquellas interminables noches de intrigas personales, el frío que proviene de las lágrimas derramadas, de la cercanía de las botellas de licor, de las colillas apagadas de los cigarrillos. En  mis sueños siempre hay alguien que me está empujando a todas las avenidas, hacia los trenes, a los abismos, a los ríos caudalosos. Siempre hay alguien que se ríe y me avienta sin piedad, justo después término despierto, mirando hacia la oscuridad, recreando manchas y sombras en la distancia, olvidadas, marchitas y sin esperanza. O no sé si es que he entendido por belleza la lluvia que cae en la tormenta. El espíritu de la nostalgia está pasando cerca de mí con mucha frecuencia. Me deprime pensar hasta en morir, pues al hacerlo todo lo que era nuestro ser irá a la deriva en la eternidad, nadie sabrá más nada de lo que éramos, no podremos volver a ningún lugar, la muerte debe ser el lugar más aburrido de todos, no conozco aun a nadie que haya hecho algo después de muerto.

A veces, inevitablemente pienso en el más allá, en que será de mi alma, si es que la tengo, al morir. ¿Existe un cielo, un purgatorio, un infierno? Podría intentar retractarme, arrepentirme de la oscuridad que me invade y buscar a Dios y su perdón divino. Existen técnicas exiguas, infantiles, que podrían llevarlo a uno hacia esa supuesta salvación. Para cuidarse de las tentaciones de la carne, uno podría taparse los ojos, los oídos, encerrarse completamente en sí mismo y vivir metido en una iglesia o sitio de culto. Aunque muchos sabemos que hacer esto es inútil, muchas personas lo hacen, aunque resulta imposible dejar de escuchar nuestra voz interna. Esa vocecilla que nos tienta a buscar el deseo, el placer, la lujuria, la carnalidad. Ese apetito físico que lo traspasa todo, la pasión de los lujuriosos es tan enorme que podría derrumbar montañas, casi igual que la fe. Hay gente que prefiere ni siquiera  pensar en eso, si bien quizá alguna vez fue tentado por algo que vieron sus ojos, captaron sus oídos o percibieron en su piel, o en su sexo. Y esa sensación, ese sentimiento en esas personas se convierte en un lastre duro de llevar, como una atadura compuesta de gruesas cadenas. Pero sienten el alivio y se contentan con sus pequeñas rutinas religiosas, y aprenden a convivir con sus placeres ocultos en lo más profundo de su ser, los cuales flotan en la superficie por ráfagas momentáneas de excitación y alegría.

A medida que los días se hacen más pesados y densos, descubro que las tinieblas tienen un instrumento mucho más terrible que la culpa: El silencio. No sé si pueda ser factible, pero es posible que quizás alguien se haya salvado de la lujuria, pero jamás del silencio. Cientos de palabras me pueden cegar con la enormidad de su pureza, pero nada enloquece tanto como el silencio, y más si viene acompañado de la más tremenda soledad. Estas cosas se juntan como un cóctel para el desastre. El placer y todas las consecuencias que se derivan del mismo trasmutan en lo que conocemos como culpa, tal vez porque el espectáculo de esa especie o suerte de felicidad, nos empiezan a dejar marcas en el rostro, en eso que llaman alma y en los sentidos.

No sé si realmente yo entienda de qué se trata el silencio. Estoy convencido que en él yo siempre estaré seguro. Oculto de todos, con la sombra ominosa, la respiración insondable, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Siento que hago parte del mutismo que fluye sordo en torno de mí. La noche florece en silencio, no oigo ni escucho a nadie, se hace denso y profundo mi horizonte personal, la única cosa que sé, es lo que siento. El frío es como un brazo sosteniendo mi cuerpo, se estira, las sombras se contonean. Las bestias de mi mente se liberan, corren ruidosas por todos los espacios de mi casa, abren sus garras acariciando mi piel insidiosamente. Vago entre las manías de mi mente disperso en el viento enrarecido de mi hogar, tan sólo quisiera apresar por un instante más el fulgor de los ojos de inocencia que tuve alguna vez.

Existe dentro de mí una celebración sombría. Es un baile con máscaras de cuero, retazos de alegría, hematomas de conciencia. El sonido se aísla y el loco eco de los latidos del corazón ensordece todas las capas de piel del cuerpo. Soy mitad ángel, mitad bestia. Vago errante por los mares de gente que habitan en mí adentro y no me reconozco en ninguna forma, en ninguna enseñanza, en ningún credo.


Las bestias se ríen y patean mi cerebro, desprendiendo neuronas, sueños y recuerdos. Lloro desconsoladamente mirando al techo y quisiera gritar, desgarrarme, expulsarlo todo, pero lo único que sale de mi es una risa falsa, una mueca extrañan que me estremece. Las paredes empiezan a gritar y quisiera escapar, los temores se acumulan en mí. Ellos están exhalando su pérfido aliento en mi rostro, y nunca se detienen…



******************************

SIEMPRE ESTARÉ AQUÍ...

viernes, 3 de febrero de 2017

DORIAN










Hola a todos:

Retomando actividades quiero iniciar este año compartiendo con ustedes, humildemente, claro esta, mi nuevo libro, titulado DORIAN. Un intento mas de escritura. Muchas gracias.

STAROSTA.


*******************************************************







DORIAN


I

El sol se eleva lentamente en otro día cubierto de nubes lejanas. Bailan conmigo los insectos, las sombras y las soledades que no me pertenecen. Mis huesos todo lo resisten sin sentir el dolor, quizás me impuse sobre ellos oponiéndome a cualquier tipo de reclamo. El cielo detrás de las montañas crece frío, se avecina el invierno, el horizonte se refracta  en colores y formas de agua. Todo queda empapado de esa tonalidad gris que todo lo deforma. Algo me mantiene embelesado, el sentimiento del vacío en mí, la interminable marcha del dolor, el abandono, la desasociación. La habitación interna, enorme, de paredes como de hierro que me asfixia, me condena, me mata lentamente como una eutanasia que jamás termina. Yo miro hacia la ventana esperando que el día se vaya, que la lluvia no termine, que el silencio no sea roto por ninguna palabra, por ningún susurro, por ningún lamento. Cierro los ojos, me muevo lentamente entre las penas que me ahogan. Y me pierdo mientras floto en el vacío de mis ausencias, mi cabeza cae y las paredes se derrumban, quedo gélido por un segundo, recuerdo una melodía sin final, un sentimiento de una asonancia, después todo se va para siempre. Y quedo solo otra vez, como siempre fue. En la ladera de la muerte una sola nota resuena incesante y derriban las esculturas de piedra de los siglos, el pensamiento humano, la trascendencia. El universo disloca materia y nada vuelve a ser como fue. El pasado no existe, ya paso, el futuro no existe, aun no se ha creado y el presente se pierde en recuerdos del uno y anhelos inútiles del otro. Yo debería cantar más, pero la melodía se hace inútil en orejas llenas de sordera. Las mías, las del mundo entero, la fragilidad, la banalidad, todo desborona el tiempo, nuestra presencia, el cuervo en el dintel de la puerta. O no sé, quizás he perdido mi toque o tal vez olvide mi estilo, o todo tipo de cosas me han ocurrido y ya no veo nada. El encierro y el aislamiento generan en mí la manía de la tristeza. Algunos días son mejores que otros…

Llevo ya tres días encerrado en esta habitación y no quiero salir. El teléfono aun suena y no me animo a descolgarlo. Supongo que algunos familiares, amigos y gente del trabajo me están llamando para saber algo de mí. Simplemente me desperté y ya no quiero salir más de mi cuarto. Seguramente a causa de las ventanas de vidrio grueso y las cortinas corridas no se nota desde fuera que sigo aquí encerrado, vivo solo y está bien dejarme morir acá. Hay gente que ha vendido a buscarme, he escuchado que golpean a la puerta, insisten un poco y se marchan nuevamente. Para evitar que den aviso a la policía y lleguen a allanar mi apartamento se me ocurrió postear en mi red social que me iba a un retiro espiritual. Espero con eso darme un tiempo para cometer mi plan, cobardemente pensado para poder dejarme morir solo y abandonado.

Cae impertinente la noche y sigo decidido terminante a quedarme en la casa, no me he vuelto a bañar y la comida en mi nevera y en la despensa escasea. Estaba lloviendo torrencialmente, pero de un momento a otro la lluvia se detuvo. Tengo ganas de fumar pero los cigarrillos se me han terminado, al igual que las cervezas y el vino barato. Llevado por la sensación de júbilo que siempre significo en mí el salir a caminar después de la lluvia me he puesto un pantalón y un viejo saco. Estoy decidió a salir pero el desgano puede más, entonces me he sentado en el sofá con las luces apagadas, en total silencio, dispuesto a no ceder a mis impulsos y terminar dormido. Además  afuera el clima es tan malo que lo más natural es quedarse en la casa. Pasó un buen rato en el cual estuve sentado, despejado, pensando en nada y en todo. Las luces de las casas de la cuadra se apagaron, es ya muy tarde, todos se han ido a dormir. Los andenes se hacen oscuros y todas las puertas tienen doble llave y pestillo. Pero a pesar de todo esto, he decidido levantarme, tomar mis llaves y arrojarme a la calle. No necesito explicarle a nadie que tengo que salir, nadie a quien mirar de reojo, nadie a quien besar para despedirme. A pesar de no preocuparme ya nada en la vida, cierro la puerta con cuidado, giro del todo el cerrojo y me cercioro que la puerta haya quedado bien trancada. Empiezo a caminar sin rumbo fijo, mientras las luces de las farolas pegan en el roció que dejo la lluvia y forman pequeños destellos por todas partes. Empiezo a sentir como el cuerpo agradece el movimiento, mientras avanzo pensando en que siempre tuve esa extraña sensación de inexplicable alegría al sentir como me golpea el viento del invierno en el rostro. Yo era un niño, luego crecí y me convertí en la gente, en el transeúnte, en uno más de los que caminan sin rumbo fijo viendo cómo se nos van los años y recordar empieza a costarnos más, memorias escritas en muchas páginas que se destiñen unas, se arrugan otras y forman nuestra bitácora personal, la cual a veces se nos hace pesada, se arruga también la piel, cada vez hablamos menos, la inocencia se pierde, la soledad llega y es fiel, nunca nos abandona por nadie, y entre soledades nos buscamos, y aprendemos a llorar y a sonreír de vez en cuando. Al final, todos somos lo mismo, nada es tan distinto, la tristeza no termina tan fácil como el invierno que se aleja…  


De repente tengo un extraño estimulo, un envión energético que me indica que debo ir a tu casa, verte, escuchar tu voz. La mente me traiciona concediéndole al pueril deseo una mayor importancia que la usual, me hace creer que tengo más nervio para actuar y aguantar el hecho de estar frente a ti, aun sabiendo como son las cosas y mi actual estado de derrota y dejación. Entonces comienzo a  correr por las largas calles, separado completamente de mi propio sentido común, mientras mi personalidad se va destilando hacia la insulsez, mi respiración se torna más espesa, el manto negro de la noche  es mucho más exacto, el frío y la tenue llovizna golpea mi rostro, mis brazos, mis piernas apresuradas, y tu imagen en mi mente se construye hasta lograr su auténtica esbeltez. Mi corazón empieza a retumbar con cada bombeo, empieza a llenar el silencio de las calles con su ritmo nervioso, me sorprende escucharlo tan nítidamente, como una señal de vida, de mi vida, a medida que me acerco a tu vivienda se intensifica aún más a estas altas horas de la noche. Llego a tu puerta, me paro frente a ella, trato de controlar la respiración que retumba desbocada para no delatar mi presencia. Estiro mi brazo pero no llega hasta el timbre. Me quedo como un tonto unos instantes que parecen eternos. Volteo a mirar la casa de al lado. Veo una rosa con los pétalos a medio poner después de la tormenta. La arranco febrilmente mientras sus espinas se entierran en las palmas de mis manos y la deposito con suavidad y ternura en el piso, frente a tu puerta. Después agacho la mirada y vuelvo apresuradamente a la mía para encerrarme de nuevo en ella. Cierro con pestillo mi puerta y me escondo debajo de las cobijas, avergonzado de mí mismo al ver lo cobarde y tonto que soy…




*******************************


Siempre estaré aquí...